Son las imágenes de Tokio, son los trenes yendo y viniendo, y la gente leyendo bajo los murales, puro concreto en edificios, puro acero en las vías; pero también es Tokio el monstruo animado, con sus venas eléctricas y sus espías en las paredes. Es la doble escritura de ‘una historia de amor, al infinito’."
O 'Sueño de una jovencita enamorada'
Quiero visitar Tokio, caminar en silencio por sus calles. Ver árboles japoneses, aprenderme sus nombre. Ver ojos, narices y cabellos de aquellas curiosas personas, que ilusamente nos parecen tan similares. Yo les escribiría poesía.
Me imagino tirada en el pasto, suave y silencioso también. Me imagino sola, y con la imagen de tu cara en mi mente. Quiero ver los gatos de Tokio, visitar su altar, prenderles una vela. Rezar por ellos, rezar por mi. Me imagino perfecto el sonido del viento de aquella ciudad, un tenue silbido en mis oídos.
Seré la mujer desconocida.
Me suspenderé en su tiempo.
Y sus imágenes quedarán en mi memoria.
Tokio perdido, Tokio mi amor.
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Mi deseo de visitar Tokio sigue vivo, mas mis expectativas son distintas, ya no hay ilusión, ya no veo colores pasteles y tenues rodeándome en calles llenas de ojos rasgados. Pienso en Tokio, esa ciudad de la que se por aquellas imágenes de ensueño, que más bien parecerían ficción, las del director francés, que con sus palabras, reflexiones e interpretaciones pudo acercarme a la ciudad en donde le rezan a los gatos. Imágenes que quedaron atrás en el tiempo, que se van perdiendo, palabras y obsesiones que alguna vez conocí tan bien, ahora me son totalmente ajenas. Doy gracias de que alguna vez existió tan bella ilusión, la de mi Tokio perfecto, que seguramente nunca conoceré, o no como en aquel entonces lo pensé.
Quiero visitar Tokio, caminar en silencio por sus calles. Ver árboles japoneses, aprenderme sus nombre. Ver ojos, narices y cabellos de aquellas curiosas personas, que ilusamente nos parecen tan similares. Yo les escribiría poesía.
Me imagino tirada en el pasto, suave y silencioso también. Me imagino sola, y con la imagen de tu cara en mi mente. Quiero ver los gatos de Tokio, visitar su altar, prenderles una vela. Rezar por ellos, rezar por mi. Me imagino perfecto el sonido del viento de aquella ciudad, un tenue silbido en mis oídos.
Seré la mujer desconocida.
Me suspenderé en su tiempo.
Y sus imágenes quedarán en mi memoria.
Tokio perdido, Tokio mi amor.
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Mi deseo de visitar Tokio sigue vivo, mas mis expectativas son distintas, ya no hay ilusión, ya no veo colores pasteles y tenues rodeándome en calles llenas de ojos rasgados. Pienso en Tokio, esa ciudad de la que se por aquellas imágenes de ensueño, que más bien parecerían ficción, las del director francés, que con sus palabras, reflexiones e interpretaciones pudo acercarme a la ciudad en donde le rezan a los gatos. Imágenes que quedaron atrás en el tiempo, que se van perdiendo, palabras y obsesiones que alguna vez conocí tan bien, ahora me son totalmente ajenas. Doy gracias de que alguna vez existió tan bella ilusión, la de mi Tokio perfecto, que seguramente nunca conoceré, o no como en aquel entonces lo pensé.
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